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Ambiente
edición 1
Era para acciones flexibles

Sarah Wolfe

Los costos sociales, económicos y ambientales indican que las soluciones técnicas convencionales no funcionan bien para los complejos problemas vinculados a la gestión de los recursos. En el siglo 20, Estados Unidos gastó más de US$400 mil millones en grandes proyectos de ingeniería hidráulica; a escala internacional, el gasto fue muy superior. Dicho desarrollo resultó costoso desde muchos aspectos: implicó contaminación y destrucción de ecosistemas; salinización de tierras cultivables; extinción de especies de fl ora y fauna; desplazamiento de poblaciones humanas y devastación de sitios culturales (Gleick 2000).
Las organizaciones que llevan a cabo estrategias técnicas para la gestión del agua, por ejemplo, en irrigación convencional, estrategias de asignación y fi jación de precios, se enfrentan cada vez con mayor frecuencia a problemas más complejos, caracterizados por una alta incertidumbre y por los inesperados resultados que siguen a la intervención de las políticas (Cillier 1998).
Para encarar estos desafíos, los gerentes de recursos deberán aplicar un proceso sistemático y flexible, que reconozca la incertidumbre y estimule el aprendizaje a partir de los resultados. No obstante, tal respuesta adaptativa podría ser incompatible con las las políticas, programas y proyectos existentes en las organizaciones, que tienden a ser rígidas. Una forma de remediar esto sería mediante la remoción o reducción de las barreras entre las organizaciones de las Naciones
Unidas (ONU).

“Quienes toman las decisiones deben encarar incertidumbres ambientales
y una información creciente y, con frecuencia, conflictiva”.

La ONU opera en “ambientes crecientemente complejos, así como en condiciones de cambios rápidos, con menos recursos y mayor incertidumbre” (Mitchell 1997). Las características de los sistemas complejos dificultan la toma de decisiones en la gestión del agua, porque contienen un elevado número de entidades en escala, son auto-organizadores, están en constante evolución y son impredecibles.
Como parte de ese modelo, las crisis hidrológicas podrían presentar fenómenos emergentes, donde el todo (resultado) es mayor que la suma de sus partes (estrategias).
Un ejemplo: Asia Central, donde la extracción de agua de río en la región del Mar Aral condujo a un sistema hidrológico inesperado y radicalmente nuevo. Las retroalimentaciones positivas también tienen un papel en los sistemas complejos: en la India, donde se bombea agua freática con fi nes agrícolas y la reducción de cuyo nivel lleva a un mayor bombeo, el ciclo repetido intensifi ca la escasez existente (Burke and Moench 2000). En los sistemas complejos, pequeñas variaciones pueden producir resultados sistémicos muy grandes en un periodo de tiempo desconocido. Mientras que el sistema físico y social se puede autoajustar o adaptar a un nuevo equilibrio, en las condiciones ambientales existentes, el catalizador puede ser desconocido e inesperado. Las características de sistema complejo de los problemas hídricos difi cultan en extremo las respuestas, políticas, programas y proyectos efi caces de parte de las organizaciones internacionales. Ello reta continuamente las estructuras existentes en las organizaciones y sus consiguientes estrategias, a fin de que respondan a los problemas de agua dulce del mundo.

Un enfoque frecuente en esta materia ha sido el de la “cooperación técnica” a escala regional y nacional. En 1999, las organizaciones internacionales gastaron US$14.200 millones en iniciativas de cooperación técnica, el doble de lo que se gastó en 1969. Diseñada para transferir conocimientos y destrezas administrativas o técnicas, la cooperación técnica puede ser independiente o estar asociada a un proyecto, tiene múltiples aspectos y puede variar de talleres y manuales de capacitación hasta estudios de campo o transferencia de datos.

Los talleres regionales de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sobre gestión de demanda de agua en 2000, y políticas de asignación del agua en 2001 en Asia Central y Occidental, son dos ejemplos diseñados para transferir conocimientos y facilitar cambios. Pero la habilidad de la cooperación técnica para resolver crisis de gestión práctica, fomentar transformaciones institucionales de largo plazo o desarrollar la capacidad individual o nacional no es clara todavía.

Retos de la ONU

Inicialmente, será difícil la formación de organizaciones
flexibles y resilientes dentro del sistema de la ONU, pero los primeros pasos podrían incluir los siguientes:

La documentación de las barreras existentes para entender el rol y las limitaciones de los individuos que operan dentro de las organizaciones.

Examen de las relaciones dinámicas entre la capacitación profesional, las estructuras organizacionales y los principios subyacentes. Sin lo anterior, no es posible comprender el rol o las barreras potenciales a la gestión adaptativa en las agencias de desarrollo y los programas de agua.

Establecer cómo estos elementos influyen específicamente en las estrategias de gestión adaptativa de una organización y, en general, en los esfuerzos de desarrollo de capacidades o de cooperación técnica.

Finalmente, considerar las variaciones en la percepción de problemas y prioridades entre escalas (internacional frente a nacional) y de un ambiente a otro.

Estos pasos complementan las cualidades únicas de las organizaciones de la ONU, y ayudarían a construir las respuestas adaptativas necesarias para la gestión de aguas y el alivio de la pobreza.



Tomando en cuenta los niveles implicados de inversión humana y financiera, las críticas a la cooperación técnica no sorprenden. Las investigaciones indican que las actividades en esta área podrían socavar la capacidad local, tergiversar la gestión y prioridades, enfatizar las actividades de alto perfil, concentrarse en ciertos objetivos, utilizar métodos costosos e ignorar los deseos locales.

Además de estas críticas, la cooperación técnica también puede ser una respuesta rígida, no adaptativa. Esto puede deberse a sus características mecanicistas (romper el problema en sus partes y reparar componentes), monistas (sólo hay una mejor manera de hacer las cosas) y objetivistas (separarnos nosotros del problema). Al hacer una extrapolación desde estas características, los problemas de cooperación técnica se niegan a desaparecer porque el modelo director de desarrollo se basa en dos presunciones equivocadas.
La primera, que “es posible ignorar las capacidades existentes en los países en desarrollo y reemplazarlas con los conocimientos y sistemas producidos en otra parte”. Por ejemplo, creer que el enfoque de la ingeniería y los fundamentos económicos utilizados para la agricultura de irrigación en el sudoeste de los Estados Unidos es el más aplicable en Asia Central. La segunda es que la existencia de una “relación asimétrica donador-receptor”, donde la dinámica del poder define unos socios potenciales injustos, no influye en el proceso y resultados de la cooperación técnica (Fukuda-Parr et al. 2002).

Estos supuestos influyen en los problemas
del agua dulce abordados exitosamente por la cooperación técnica. Pero podría haber otro obstáculo, menos comprendido o reconocido: las barreras informales y formales dentro de las organizaciones de desarrollo que ejecutan la cooperación técnica. Para que las organizaciones resuelvan los problemas de sistemas complejos, la cooperación técnica deberá adoptar estrategias adaptativas de gestión donde la escala lo permita. Para ello, habrá que retirar o inutilizar cualquier barrera existente en la organización.

Los obstáculos a la gestión sostenible del agua dulce han sido, tradicionalmente, problemas de ingeniería, como una tecnología de bombeo o una infraestructura de distribución inadecuada. Más recientemente, se ha dado reconocimiento a los niveles locales, regionales o nacionales de la capacidad e innovación individual o institucional. Pero, en el ámbito internacional, las organizaciones también contienen barreras potenciales a la flexibilidad y continuidad del aprendizaje necesario para la solución de problemas complejos.

Las barreras estructurales exógenas y endógenas influyen en las respuestas organizacionales. Las primeras incluyen factores institucionales como los sistemas internacionales legales o económicos. Enfocándose en las barreras internas, Gunderson et al. argumentan que las barreras endógenas estorban la innovación y la adaptación allí donde “los sistemas humanos poseen mayor poder tanto para la rigidez como para la novedad. La capacidad de la burocracia de una agencia gubernamental para controlar información y resistir el cambio muestra cierto nivel de ingeniosidad individual y de grupo, y una persistencia que refleja un control consciente de parte de individuos inteligentes y consagrados”.

Aunque sin duda fue escrita con cierta dosis de humor, la cita guarda un elemento de verdad. Las barreras endógenas formales constituyen una estructura organizacional que afecta la probabilidad de un cambio. Un ejemplo de ello podría ser el momentum de un proyecto de acueducto: con cuánta rapidez y por cuáles canales deberán pasar los programas para moverse a través de la estructura de la organización.

Otra barrera endógena formal sería una reestructuración para fomentar la investigación sostenible o interdisciplinaria; sin una adecuada preparación gerencial, las nuevas responsabilidades se percibirían como una amenaza a la calidad del resultado o al status quo.

Referencias bibliográficas

Burke, Jacob J. y Marcus Moench. Groundwater
and Society: Resources, Tensions and Opportunities. Themes in Groundwater Management for the Twenty-first Century. New York: Departamento de Economia y Asuntos Sociales de Naciones Unidas y del Instituto para la Transicion social y Ambiental, 2000. Cilliers, Paul. Complexity and Post Modernism: Understanding Complex Systems. London: Routledge, 1998.Fukuda-Parr, Sakiko, Carlos Lopes y Khalid Malik, Eds. “Overview: Institutional Innovations for Capacity Development.” Capacity for Development: New Solutions to Old Problems. London: Earth Scan Publications y Programa de Desarollo de las Naciones Unidas, 2002.

Gleick, Peter. The Changing Water Paradigm: A Look at Twenty-first-Century Water Resources Development. Water International 25, 1 (2000): 127-138.

Gunderson, Lance H. and C. S. Holling. Panarchy: Understanding Transformations in Human and Natural Systems. London: Island Press, 2002.

Kaufman, Herbert. The Limits of Organizational Change. Universidad de Alabama, 1971.

Martin, R. L., Mary Ann Archer y Loretta Brill. Why Do People and Organizations Produce the Opposite of What They Intend? Reporte especial para el informe Walkerton , II parte, 2001.

Michael, Donald N. “Barriers and Bridges to Learning in a Turbulent Human Ecology.” Gunderson, Lance H., C. S. Holling y Stephen S. Light, Eds. Barriers and Bridges to the Renewal of Ecosystems and Institutions. New York: Prensa de la Universidad de Columbia, 1995. 461-85.

Mitchell, Bruce. Resource and Environmental Management. Essex: Addison Wesley Longman, 1997.

Una barrera más es la información disponible para los funcionarios de proyecto. Por ejemplo, en la gestión de agua dulce, abundan los datos geofísicos sobre problemas de recursos, “pero permanece rezagada la comprensión de las dimensiones social, económica, institucional y política, lo que es esencial para una gestión efectiva” (Burke y Moench 2000). La disponibilidad de la información y las barreras al proyecto de cueducto pueden dificultar la transición de las respuestas técnicas a las adaptativas.

Por ejemplo, los talleres sobre políticas de aguas podrían basarse en un patrón de prioridades económicas como la recuperación total de costos, eficiencia y decisiones de asignación rural-urbana no necesariamente apropiadas para determinado contexto local o regional. No obstante, debido a la información y las restricciones temporales dentro de la organización donante, así como a las barreras endógenas informales discutidas más adelante, el patrón de cooperación técnica no se adapta a las necesidades únicas de los países receptores. Dependiendo del contexto ambiental y social de éstos, las respuestas (directas cuando se entrena a los profesionales en la construcción, operación y mantenimiento de la infraestructura) son menos efectivas cuando se trata de transferir conceptos de participación, empoderamiento, sostenibilidad, valores y percepciones ambientales locales.

Las barreras endógenas informales también dan forma a las decisiones individuales y los resultados organizacionales. Es menos probable que pueda evaluarse la influencia de estas barreras implícitas en la cooperación técnica para la gestión de aguas.

Quienes toman las decisiones deben encarar incertidumbres ambientales y una información creciente y, con frecuencia, conflictiva. La respuesta humana a la incertidumbre ha sido establecer y conservar cierta regularidad —en el comportamiento, en los procedimientos operativos y en los sistemas más grandes—, buscando desarrollar una eficiencia sistémica. Pero la eficiencia organizacional depende de la flexibilidad individual y rápidamente se vuelve rígida, lo que se convierte en una barrera para los individuos que operan dentro de la organización: las señales implícitas de éxito (esto es, cuando los resultados exitosos de los proyectos conducen a un ascenso o a la renovación de un contrato) pasan a ser las que conservan la regularidad endógena. Retar las normas esta o barreras organizacionales establecidas significa riesgos y responsabilidades sustanciales para el funcionario o gerente del proyecto. Estos riesgos, generalmente implícitos, definen, a su vez, la cultura de la organización (Kaufman 1971).

La sutil falta de incentivos existente dentro de la cultura única de una organización puede constituir una poderosa barrera a las respuestas adaptativas de gestión. Por ejemplo, nuestras percepciones convencionales de conocimiento indican que a mayor suministro de información, aumentan las probabilidades de aprendizaje, decisiones y adaptación. Para apoyar el aprendizaje y la toma de decisiones individuales, las organizaciones dedican recursos significativos a la recopilación de datos para la gestión de aguas. Pero no se debe asumir que por ello la toma de decisiones mejorará obligatoriamente, puesto que el aprendizaje, que trastorna las creencias y costumbres de individuos y organizaciones, no es aceptado con entusiasmo o fácilmente, aunque se reconozca la necesidad de un cambio (Michael 1995).

Los desafíos para que las organizaciones internacionales implementen respuestas adaptativas de gestión continuarán, porque “las restricciones de la capacitación y la competencia profesional, los límites de la autoridad organizacional y la ignorancia de los resultados de muchas acciones, pasadas y futuras, impiden la formulación equilibrada de todas las soluciones y opciones potenciales”. Sin técnicas de mitigación que faciliten el aprendizaje individual y organizacional, las amenazas de la innovación impedirán la adopción de nueva información o de los beneficios de la adaptación (Michael 1995; Martin et al. 2001).

Por último, la literatura sobre gestión y desarrollo de recursos no ha explorado suficientemente la influencia de la cultura de una organización dentro de las Naciones Unidas y sobre las respuestas de los recursos. Si quienes toman las decisiones se sienten predispuestos a operar de acuerdo con la regularidad de la estructura formal e informal, la investigación deberá documentar las barreras para los tomadores de decisiones individuales, su gama de respuestas y los resultados
de dichas opciones a la gestión de aguas. Las organizaciones de la ONU, particularmente aquellas que son directamente responsables del la gestión integrada del agua, son cruciales para el manejo del agua dulce. Ellas pueden ser centros de colaboración, con la capacidad de transferir conocimientos relevantes y respaldar las reformas institucionales necesarias.

Uno de sus objetivos será el de construir estructuras flexibles, innovadoras y resilientes, que permitan estrategias adaptativas, diseñadas para permitir un aprendizaje continuo desde la incertidumbre, los sucesos inesperados y el fracaso, y que se aplicarán a las políticas, programas y proyectos.

COPYRIGHT 2003 United Nations Publications
COPYRIGHT 2003 Gale Group

edición 2
Tratamiento de aguas residuales: el gran reto

América Latina , incluyendo el Caribe, cuenta con una población de 526,7 millones de personas (8,5% del total mundial) que convive com enormes desigualdades sociales y economicas. El producto interno bruto anual (PIB) de los paises de la región va desde los US$440 por habitante (Haiti) hasta US$5.910 por habitante (México). Como dato comparativo, la principal economía mundial y vecina del norte, los Estados Unidos, tiene um PIB de US$35.060 por habitante, 10 vezes mayor que el promedio de la región

Por Adalberto Noyola
Instituto de Ingeniería UNAM, México | Presidente electo de AIDIS

En este contexto de escasos recursos económicos, los países de la región enfrentan un rezago histórico en materia de servicios, en particular los relacionados con el saneamiento básico y la salud. Los habitantes de América Latina y el Caribe, según cifras del 2000 del Banco Mundial, tienen acceso al agua potable en un 84,9% y al saneamiento (sea red de drenaje o in situ) en un 77,7% (las cifras mundiales son 80,5% y 56,2%, respectivamente). En los últimos años, diversas metas para atender el rezago en agua y saneamiento básico han sido presentadas por organismos internacionales y por gobiernos nacionales.

Todas ellas han sido muy ambiciosas y no se han cumplido en un grado importante. En septiembre del 2000, la Asamblea de las Naciones Unidas presentó las Metas de Desarrollo del Milenio. La meta 7 pretende asegurar la sostenibilidad ambiental y tiene dos objetivos que se refieren al saneamiento:

  • Objetivo 10: Reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso al agua potable en el 2015.
  • Objetivo 11: Alcanzar en el 2020 un incremento significativo en la calidad de vida de al menos 100 millones de habitantes en áreas marginadas.

Frente al tamaño del reto es imperativo desarrollar e implantar nuevas soluciones al eterno déficit en infraestructura para el manejo del agua residual. Los nuevos sistemas administrativos y tecnológicos deberán considerar las limitaciones y posibilidades propias de la región, con una alta dosis de innovación y adaptación, deslindándose en muchos casos de las soluciones convencionales.

Situación del saneamiento en América Latina
En materia de saneamiento, si bien la cobertura de este servicio es relativamente importante en la región (77,7%), el alcantarillado solo sirve al 49%, ya que el 31% dispone de letrinas o tanques sépticos. De cualquier forma, el tratamiento de las aguas residuales municipales es aún limitado, puesto que en América Latina y el Caribe, en promedio, solo se trata el 15% del caudal captado por los sistemas de alcantarillado. Las tecnologías de tratamiento que se aplican en América Latina y el Caribe son en su mayoría lagunas de estabilización, seguidas por el proceso de lodos activados. Es de notar el surgimiento, en los últimos años, del tratamiento primario avanzado (primario con adición de coagulantes) en instalaciones de tamaño importante. En Chile, la Superintendencia de Servicios Sanitarios (SISS, 2003) contabilizó en 1998 un total de 81 plantas de tratamiento con una cobertura de 17%, de las cuales 75% eran lagunas de estabilización. En ese año, no se habían instalado aún sistemas de lodos activados. La evolución se ha dado en ese país de tal forma que en la actualidad existen 152 plantas de tratamiento, con 48% de cobertura, de las cuales 16% son lagunas de estabilización y 40% plantas de lodos activados. Más todavía, las empresas sanitarias concesionarias del servicio de abastecimiento, evacuación y tratamiento en Chile han previsto que el 77% de las nuevas plantas de tratamiento serán de tipo lodos activados y ninguna laguna de estabilización. El plan de incremento en la cobertura de tratamiento, considerado por las empresas sanitarias chilenas con participación privada mayoritaria, muestra que la vía tecnológica es de corte convencional y mecanizado, a pesar de los costos de inversión y de operación importantes que requieren los procesos de lodos activados. Esta política debe ser cuestionada en otros países de la región.

El reto del saneamiento en la región
Las inversiones estimadas para atender este rezago son cuantiosas y fuera del alcance de las economías de los países de la región. El Banco Mundial estimó en 1995 que el sector agua y saneamiento en América Latina y el Caribe requería de US$12.000 millones anuales durante 10 años para alcanzar niveles de cobertura solo razonables.

Un elemento importante a considerar es que el 74% de la población en los países de la región vive en centros urbanos, lo que implica la centralización de los servicios, entre ellos la recolección del agua residual y su tratamiento. El aspecto positivo es que el factor de escala favorece los costos por habitante; el negativo es que conduce a la aplicación automática de los modelos tradicionales del saneamiento, los cuales, en varios casos, han mostrado su inaplicabilidad.

Ante el reto de llevar mejores condiciones de salud y vida a todos los habitantes de la región, las soluciones para el saneamiento deben ser en buena medida innovadoras y surgidas del conocimiento profundo de la problemática específica que presenta el área. El enfoque convencional importado de los países desarrollados ha mostrado sus limitaciones, fundamentalmente por requerir montos de inversión y operación muy elevados, además de incrementar la dependencia tecnológica. Es imperativo que se desarrollen e implanten sistemas administrativos, financieros y tecnológicos que realmente respondan a las necesidades y limitaciones de los usuarios latinoamericanos si se quiere cumplir con las metas del sector. Para ello, se deberá contar indispensablemente con el apoyo decidido de la sociedad y con la voluntad política de los gobernantes.

Las soluciones para el saneamiento deben ser en buena medida innovadoras y surgidas del conocimiento profundo de la problemática específica que presenta la región.

Procesos de tratamiento de aguas residuales domésticas adaptados a la región
Para el tratamiento de aguas residuales o contaminadas, existen diversos procesos y operaciones unitarios que, con una adecuada selección y combinación, pueden resolver la mayoría de las necesidades de disposición final o reaprovechamiento. En términos muy generales, existen procesos fisicoquímicos y procesos biológicos. Otra clasificación que puede hacerse de los procesos de tratamiento de aguas residuales está basada en su grado de complejidad o de mecanización. Existen los procesos intensivos y compactos, con tecnología más desarrollada (procesos tecnificados) y los llamados naturales, con mayor requerimiento de área y que recurren a la acción de la naturaleza con intervención humana reducida. Los sistemas lagunares, los lechos de raíces y los humedales o wetlands constituyen los procesos naturales más conocidos.

Entre los procesos compactos, existen aquellos altamente mecanizados, como los lodos activados en sus diversas variantes, los reactores secuenciales alimentados por lotes, los filtros biológicos convencionales (percoladores), los filtros biológicos sumergidos y los discos biológicos rotatorios, todos ellos de tipo aerobio. Los procesos anaerobios compactos tienen menores requerimientos de energía y, por lo tanto, de motores y piezas mecánicas; los más representativos son el reactor anaerobio de lecho de lodos de flujo ascendente (UASB, por sus siglas en inglés) y el filtro anaerobio, ya sea horizontal o vertical.

Para todo proyecto de saneamiento debe seleccionarse la mejor opción, la más sostenible.

La diversidad de opciones tecnológicas disponibles hace complicada la tarea de evaluar y seleccionar el sistema y la tecnología más adecuada para cada aplicación. Se puede considerar que el mejor tren de tratamiento será aquel que, con el máximo de economía y el mínimo de complejidad, alcance la calidad de agua requerida, ya sea para su descarga al medio natural o para su reuso. Este concepto, aparentemente obvio, no se ha aplicado en un buen número de ocasiones, lo que ha llevado al abandono de muchas instalaciones de tratamiento en la región. Las principales causas de la ineficiencia o el abandono de las plantas son los altos costos de operación y que el sistema fue impuesto al organismo responsable del manejo, con base en decisiones de corto plazo y sin considerar al operador ni a los usuarios del servicio.

Con base en las grandes necesidades de infraestructura de saneamiento que enfrenta la región y con la evidente escasez de recursos financieros para atenderlas, las opciones tecnológicas por considerar deberán cumplir con ciertos criterios:

La materia no se destruye, solo se transforma. Esto lleva a los inevitables subproductos y residuos y, por lo tanto, a integrar un sistema completo, que contemple el manejo de los lodos y otros subproductos.

    Limitar las necesidades de insumos (energía, reactivos).
  • Minimizar los residuos y aprovechar los subproductos (reciclar).
  • Cumplir con la calidad especificada de descarga.
  • Incorporar a la población (usuarios) en la toma de decisiones, con el objeto de que adopte como propia la opción seleccionada.

Con los argumentos expuestos, se puede concluir que la vía biológica, al ser una herramienta de la naturaleza, está mucho mejor ubicada para resolver los problemas del tratamiento de aguas residuales biodegradables, como lo son las de origen municipal (Noyola, 1996).

Para la selección de tecnologías de tratamiento en América Latina y el Caribe, se pueden identificar dos grandes subconjuntos, los cuales a su vez se combinan entre sí:

  • En función de la densidad de población: área urbana y área rural.
  • En función de la densidad de población: área urbana y área rural.
  • En función del clima: zonas cálidas y zonas frías o templadas.

En el medio urbano, donde el terreno es escaso y caro, los procesos compactos tendrán mayor aceptación, mientras que en el medio rural, la ventaja la tendrán los sistemas naturales. Una combinación entre ciertos procesos compactos, con menor grado de mecanización y procesos naturales podrá en ocasiones ser una ventajosa opción, en particular cuando los costos de operación deban ser reducidos y se tengan ciertas limitaciones de terreno. Por otro lado, la infl uencia del clima y de la temperatura del agua es particularmente importante para los sistemas naturales, así como para los sistemas compactos anaerobios. De esta forma, temperaturas del agua inferiores a 20ºC o de ambiente mínimas, cercanas a 0ºC, pueden limitar la aplicación de estos procesos, lo que resulta menos problemático para los procesos compactos aerobios o fi sicoquímicos.

En aguas de tipo municipal, la tecnología anaerobia se ha instalado a escala mayor, particularmente en Brasil, Colombia y México. En la mayoría de los casos en los que se han empleado reactores anaerobios (en especial tipo UASB) para aguas residuales municipales, se ha incluido en el proceso global, un postratamiento. Otro requerimiento importante, común a todo proceso anaerobio y en ciertos casos, en la fase de pretratamiento de cualquier sistema, es prever un sistema de control de olores, sobre todo si la planta de tratamiento se ubica cerca de zonas habitadas. Estos sistemas pueden ser relativamente sencillos, como los biofi ltros de composta (Morgan-Sagastume et al., 1999).

Por su parte, en algunos países (México, Colombia y Brasil) el nuevo debate entre los procesos biológicos y el tratamiento primario avanzado seguramente terminará como el debate previo entre lo aerobio y lo anaerobio; se reconocerá que toda tecnología es buena, siempre y cuando se seleccione en forma cuidadosa y rigurosa, considerando todos los factores involucrados. Dentro de este proceso de selección, se deberá abordar el problema con un enfoque integral, sin discriminar otras corrientes del proceso y reconocer que la materia solo se transforma. En este caso, las implicaciones de la inevitable transferencia de contaminantes de un medio receptor a otro tomarán un peso fundamental en la decisión fi nal.

Conclusiones
Los retos para recuperar el rezago en infraestructura de saneamiento y el adecuado manejo del agua en América Latina y el Caribe obligan a utilizar los escasos recursos en forma óptima, a lograr más con menos y a ser innovadores en las soluciones. Para todo proyecto de saneamiento, debe seleccionarse la mejor opción,la más sustentable (perdurable), lo que implica situarse en el largo plazo y asociar a la comunidad servida en todo el proceso de selección, construcción y operación.

Existen las opciones tecnológicas, tanto convencionales como adecuadas a la región, estas últimas en diverso grado de desarrollo. El reto es alcanzar mayor experiencia, diseminar las tecnologías propias y utilizarlas óptimamente, todo en un tiempo corto ya que la demanda está presente mente, todo en un tiempo

Referencias

Morgan-Sagastume J.M., Revah S. y Noyola
A. (1999) “Malos olores en plantas de tratamiento de aguas residuales. Su control a través de procesos biotecnológicos”, Ingeniería y Ciencias Ambientales, Año 10, No. 41, 22-29. Noyola A. (1996) “Anaerobic technology as a tool for the sustainable environment: the context of Mexico”, en Biodegradación de Compuestos Orgánicos Industriales, Ilangovan K. y Briones R. editores, Instituto de Ingeniería UNAM, México, 169-172.
SISS (2003) Bases Técnicas del Estudio Alternativas Tecnológicas para el Tratamiento de Aguas Servidas en Chile, Superintendencia de Servicios Sanitarios, Santiago, Chile

 

GOTAS | 22 de marzo | Día Mundial del Agua 2006: Agua y Cultura

En 1992, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), declaró el 22 de marzo el Día Mundial del Agua. Todo el mundo está invitado a dedicar ese día a realizar actividades como la promoción del conocimiento público a través de la publicación y difusión de documentales y la organización de conferencias, mesas redondas, seminarios y exposiciones relacionadas a la conservación y desarrollo de recursos de agua y la implementación de las recomendaciones de la Agenda 21. El Día Mundial del Agua 2006 será guiado por el tema “Agua y Cultura” bajo el liderazgo de la UNESCO.

organiza UNESCO
E-mail wwd2006@unesco.org
Web http://www.unesco.org/water/water_celebrations/index.shtml

 

edición 4
Quien protege, gana



Para nadie es un secreto que la especie más evolucionada del planeta, el ser humano, es quien paradójicamente lo encamina hacia su destrucción: cuatro billones de árboles desaparecen por día en el planeta y 60 hectáreas de selva tropical se deforestan por minuto.
Esta pérdida diezma la existencia de miles de especies de animales, árboles y plantas, favorece la erosión, daña las cuencas hidrográficas, provoca un daño a largo plazo en los ecosistemas y en los mantos acuíferos.
Paralelo a este desabastecimiento global de los recursos forestales e hídricos, se suma el uso irracional del recurso disponible. Así por ejemplo, en el caso del agua, mientras que para mantener un nivel de vida aceptable se requieren de 20 a 50 litros por día por persona (para bebida, comida e higiene), en las grandes ciudades se consumen aproximadamente 250 litros de agua por día/persona, según datos extraídos de un informe de la Fundación Ciudad, de Argentina, publicados en su sitio web.
Dada la persistencia de estas prácticas y bajo el principio de “quien contamina, paga” (en particular sobre el tema del canon por vertidos agroquímicos y desechos sobre mantos acuíferos y sistemas pluviales), en el pasado, los gobiernos optaron por hacer uso de instrumentos económicos, bajo la modalidad de impuestos, para destinarlos a la prevención de la contaminación y la recuperación de los ecosistemas.
Sin embargo, desde la década anterior, ha surgido un nuevo enfoque de atención al problema, quizá como parte del salto cualitativo en la comprensión sobre la urgencia de revertir los errores del pasado lo antes posible.


Alrededores de la Catarata del Ángel, camino a Vara Blanca, Heredia, Costa Rica, área protegida.
Cortesía de Gilmar Navarrete Ch., FONAFIFO

Premio a la protección

El nuevo enfoque trata de fijar la atención y las acciones hacia la generación de “externalidades ambientales positivas” es decir, de una serie de beneficios indirectos para aquellos que opten por cuidar los recursos naturales. El pago por servicios ambientales (PSA) es un mecanismo que se enmarca dentro de esta nueva filosofía. Consiste en la transferencia de recursos financieros de los beneficiarios de ciertos servicios ambientales, hacia quienes proporcionan dichos servicios o son fiduciarios de los recursos ambientales.
Los PSA son incentivos económicos que toman varias formas ya sea como subsidios, programas agroambientales o beneficios en especie, y están sustentados en la idea de que “quien protege el ambiente, gana”. Los afortunados son los actores que se benefician por los servicios ambientales generados y también los usuarios y comunidades que ofertan un servicio que incide directamente en el mejoramiento del ambiente. Estos últimos reciben la compensación económica por el esfuerzo y costo de mantener y proteger los recursos forestales e hídricos.
Uno de los principales efectos de esta sinergia es que ambas partes interiorizan los beneficios: son conscientes de su aporte al proceso de recuperación ambiental, se sostienen y forman parte de la razón de ser de la otra.
El concepto de pago por servicios ambientales (PSA) ha recibido mucha atención como herramienta novedosa para financiar inversiones en manejo sostenible de tierras. Casi todos los esquemas de PSA que se ejecutan en América Latina son relativamente nuevos, pues la mayoría no tienen más de cinco
años de existencia, mientras que otros figuran solo como proyectos pilotos. No obstante, según Stefano Pagliola, del Departamento Ambiental del Banco Mundial, esta entidad ya había logrado inventariar hasta el 2002, más de 300 iniciativas en la región.
Como se expuso durante el IV Foro Mundial del Agua, Latinoamérica tiene más programas de este tipo que cualquier otra región, como el caso de México con la iniciativa más extensa de PSA; Costa Rica y su programa más antiguo y proveedor de experiencias y modelos para otros países, y El Salvador, con la primera propuesta diseñada y enfocada a los mercados locales.
Sin embargo, como lo indicó Carlos Manuel Rodríguez, ex ministro de Ambiente y Energía de Costa Rica y actual vicepresidente regional y director regional de Conservación Internacional para México y Centroamérica, “es muy difícil establecer una comparación de la gestión de los países sobre el tema del PSA, por cuanto sus particularidades tienen estricta relación con el avance de cada caso respecto a la institucionalidad en materia ambiental. Lo que sí puede asegurarse es que ya se aprecia un mayor nivel de conciencia política y de acciones concretas en favor del diseño e implementación de soluciones, especialmente respecto a programas para la protección del recurso hídrico, sin duda una de las necesidades más apremiantes a escala regional”.
A nivel de América Latina, los 10 años de experiencia de Costa Rica en esquemas de PSA por biodiversidad y captura de carbono, le han merecido a esta nación el título de pionera en el tema. “Desde décadas atrás, Costa Rica invirtió en la construcción de la institucionalidad requerida en materia ambiental, lo que lepermite hoy desarrollar múltiples proyectos. Igualmente, actuó con celeridad ante la urgencia de invertir en el manejo de cuencas, dados los problemas detectados en la disponibilidad y contaminación del agua. Ese conocimiento le ha permitido hoy capitalizar su experiencia”, destacó Rodríguez.
Los PSA cuentan con diversos esquemas que ofrecen un aporte económico distinto, de acuerdo con la actividad de protección que se lleve a cabo. (Ver cuadro: Todos Ganan)


“...en la realidad no existe un tipo de esquema de PSA que
deba ser impulsado con mayor ímpetu que otro, o bien que
tenga más oportunidades de ser desarrollado en la región.
Siendo todos ellos vitales, el criterio fundamental para desarrollar
los esquemas en América Latina es la preocupación y
el compromiso por alcanzar las condiciones políticas que permitan
la construcción de capacidades en las instancias
institucionales para convertirlos en realidad”.



Amplio mercado

Así, se abre a los ojos de muchos una oferta de mercados ambientales todavía inexplorada. Por el momento, quizá los mercados más dinámicos en el tema de PSA sean los relacionados con la protección de cuencas hidrográficas y la captura de carbono. Por ejemplo, Jaime Quispe Poma, coordinador del Programa de Monitoreo de Carbono de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) de Bolivia, resaltó que su país “tiene un gran potencial para desarrollar estas iniciativas sobre cuencas hidrográficas, principalmente por los beneficios en el tema del agua y laerosión de los suelos; actualmente se propone formular un PSA en la cuenca del río Piraí, una de las fuentes de agua más importantes que riega al departamento de Santa Cruz de la Sierra”.
Por su parte, Carlos Manuel Rodríguez, opina que “en la realidad no existe un tipo de esquema de PSA que deba ser impulsado con mayor ímpetu que otro, o bien que tenga más oportunidades de ser desarrollado en la región. Siendo todos ellos vitales, el criterio fundamental para desarrollar los esquemas en América Latina es la preocupación y el compromiso por alcanzar las condiciones políticas que permitan la construcción de capacidades en las instancias institucionales para convertirlos en realidad”.
Paralelo a ello, Juan de Dios Benavides Solorio, del Programa de Servicios Ambientales del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) de México, recalcó que es necesario “dar certidumbre de que los servicios ambientales no son un proyecto pasajero, a corto plazo. Para ello, los organismos internacionales deben tener representaciones más amplias en los países latinoamericanos y ayudar a la búsqueda de alianzas no solo con los gobiernos sino con la empresa privada, involucrando a esta última de una manera activa, incluso desde el punto de vista mercadológico, mediante la exposición publicitaria sobre su participación en los proyectos municipales o nacionales de servicios ambientales”.

Comercio verde

La protección a la biodiversidad también es una fuente para los esquemas de PSA, con el objetivo de proteger la vida de ciertas especies y ecosistemas con un valor particular, así como de ciertos hábitat y recursos genéticos, entre otros. Se entiende por biodiversidad “la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos los ecosistemas terrestres, marinos y acuáticos, y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas” (Art.2, Convenio sobre la Diversidad Biológica).
Un caso es el proyecto de Conservación de la Biodiversidad en la Reserva de La Biosfera Sierra Gorda en Querétaro-México donde, entre otros servicios, se realizan estrategias locales para la protección de especies amenazadas como el jaguar, venado cola blanca, tucán esmeralda, el oso negro y el hocofaisán. Esta iniciativa busca preservar además la vida de 131 especies de mamíferos, 363 de aves, 72 de reptiles, 23 de anfibios, 700 de mariposas y 2.308 de plantas. Apoyados por la Comisión Nacional Forestal de México (Conafor), el proyecto tendrá un seguimiento por los próximos cinco años, según se explicó en una de las sesiones de trabajo durante el IV Foro Mundial del Agua, en el 2006.
Por otra parte, el PSA por preservación de la belleza escénica está asociado al valor estético o cultural de sitios específicos que reúnen ambos componentes: preservación del medio ambiente y del patrimonio cultural, como por ejemplo, lugares de patrimonio natural, arrecifes de coral, santuarios culturales o formas de vida tradicional. Pese a la dificultad de seleccionarlos y evaluarlos por su componente cultural, con el avance en la conciencia sobre el patrimonio cultural y el auge de la industria turística, actualmente están surgiendo nuevas iniciativas que auguran un atractivo mercado.
En las zonas de Mazunte y Ventanilla en la costa de Oaxaca y Selva del Marinero en la Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas en Veracruz, México, se han levantado modelos hoteleros alternativos, una empresa productora de cosméticos naturales, dos empresas de procesamiento (chocolate orgánico y crema de cacao) y sobre todo una Red de Cooperativas para el Desarrollo Sustentable de la Costa de Oaxaca, la cual reúne a 10 cooperativas con el fin de hacer un frente común por la conservación ambiental de la región, según un informe de la organización ambientalista PRISMA (www.prisma.org.sv), en el marco del Proyecto “PSA en las Américas”.

A la caza de dióxido de carbono

Uno de los mercados más dinámicos dentro del esquema de PSA, a nivel latinoamericano, es el pago por servicios por el secuestro o captura de carbono (CO2) en las áreas forestales, dentro de la lógica de depuración del ambiente, producto del efecto invernadero y el calentamiento global que afecta al planeta. Gracias a la fotosíntesis, las áreas forestales captan una importante cantidad del carbono, disuelto en el aire en forma de dióxido de carbono, y lo depositan en sus tejidos; como un producto adicional liberan oxígeno a la atmósfera. Al llevar a cabo este proceso, los bosques se convierten en reguladores de la calidad del aire, limpiando el CO2 acumulado en la atmósfera, producto de los agentes contaminantes industriales y la quema de bosques.
El PSA por captura de carbono tiene dos modalidades: la absorción activa mediante reforestación o el reemplazo de emisiones por medio de la conservación de la cubierta forestal. Jaime Quispe Poma, de la FAN en Bolivia, informó que su país “ejecuta el proyecto de carbono llamado Proyecto de Acción Climática Noel Kempff Mercado, iniciado en 1997, el cual ha logrado buena acogida y ya consiguió la certificación de créditos en el 2006, con un porcentaje de éxito del 90%”.
Por su parte, Costa Rica también lidera este esquema de PSA. En el año 2000, gracias a un convenio de cooperación financiera entre el gobierno costarricense y el alemán, con el apoyo del banco KfW Bankengruppe, se inició el Programa Forestal Huetar Norte, cuyo objetivo fue contribuir a mejorar el balance neto de las emisiones de gases de efecto invernadero, mediante la fijación de CO2. Para el 2004 el Fonafifo, ente gubernamental encargado de la gestión del proyecto, logró formalizar 702 contratos de PSA con un área de cobertura de 75.604 hectáreas (el 102% de la meta) en la zona de influencia del programa.
Actualmente, Costa Rica tiene en la mira siete proyectos de absorción de CO2 a través de actividades de forestación/reforestación relacionados con las principales áreas de conservación del país. Algunos ya se encuentran en etapa de negociación y otros, en calidad de pre-proyectos, sin embargo, todo ellos fueron planificados para períodosrenovables de 20 años, lo cual revela la intención de perdurabilidad de estas acciones. Según el Fonafifo los PSA, en combinación con otras acciones del gobierno costarricense, han favorecido la reducción de la tasa de deforestación, la recuperación de la cobertura forestal y tierras degradadas, la promoción de exportaciones no tradicionales y la contribución al cumplimiento de las metas ambientales globales.


Costa Rica tiene el programa más antiguo de pagos ambientales, como el de esta finca en Talamanca.
Cortesía de Gilmar Navarrete Ch., FONAFIFO


El futuro de los PSA

Al revisar la literatura técnica y gubernamental puede concluirse que muchos son los autores que insisten en que el pago por servicios ambientales (PSA) es un tema que permanecerá en la mesa de discusión internacional.
Desde el punto de vista del componente de apoyo internacional, Jaime Quispe de la FAN de Bolivia explicó que, para que una mayor cantidad de estados y organizaciones privadas se sumen al pago de servicios ambientales, “los organismos internacionales deben fortalecer su coordinación con las instituciones que trabajan los PSA, por ejemplo, formando en conjunto redes institucionales que favorezcan el conocimiento y difusión entre sí de los diferentes proyectos y, además, ayudando en la difusión de esas iniciativas ambientales a través de los medios de comunicación colectiva, para compartir con la población no solo los proyectos exitosos, sino aquellos que necesitan más apoyo de todos”.
Asimismo, “urge que los organismos internacionales se den a la tarea de realizar estudios de base respecto a las valoraciones económicas de los bienes y servicios ambientales, de manera que ello traiga luz a los procesos políticos necesarios para la toma de decisiones que favorezcan las capacidades técnicas e institucionales para operar correctamente los programas”, opinó Carlos Manuel Rodríguez, ex ministro del Ambiente de Costa Rica.
En relación con ese componente de las capacidades institucionales necesarias en los países latinoamericanos, Juan de Dios Benavides Solorio, del Programa de Servicios Ambientales del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) de México, enfatizó que “aunque los servicios ambientales tengan éxito como programas a nivel nacional o federal (como en el caso mexicano), estos deben trascender a otros niveles: los gobiernos estatales y/o municipales, a través de una labor de difusión mediante la cual ellos también comprendan los beneficios que supone la protección y sustentabilidad de los recursos naturales a través de los PSA.

TODOS GANAN

El Pago por Servicios Ambientales (PSA) favorece la protección de la naturaleza, pero también beneficia a quienes protegen el ambiente. En Costa Rica, país líder en este programa en la región, el programa agrupa cuatro esquemas:

- Pago por servicios ambientales en cuencas hidrográficas o recursos hídricos.
- Pago por acciones forestales para el secuestro o captura de carbono (CO2).
- Pago por esfuerzos de conservación de ecosistemas y diversidad biológica.
- Pago por acciones para preservar o recuperar la belleza del paisaje, ya sea para fines turísticos o científicos.

MONTO A PAGAR

El monto máximo a pagar definido para el 2006, según Decreto del Gobierno de la República de Costa Rica es de:

- $64 por hectárea al año por protección de bosque (desembolsados en un período de cinco años y prorrogable por un período similar).
- $816 por hectárea por reforestación (desembolsados en un plazo de 10 años).
- $41 por hectárea por año por recuperación de áreas por regeneración natural en pastos y potreros (en contratos de cinco años prorrogables por cinco años).
- $1.30 por árbol en reforestación integrada a sistemas agroforestales (desembolsados en un plazo de tres años).

Fuente: Sitio web del Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo).

edición 5
Sistema transfronterizo para la conservación

“Nosotros no ejecutamos los proyectos”, advierte González, “nada más queremos ser el canal para recaudar” fondos económicos que se inviertan en la protección del Sistema Arrecifal Mesoamericano, un área que gracias a su gran diversidad ambiental, funciona como un manto protector contra las adversidades meteorológicas. Para asegurar su sostenibilidad es necesario también controlar el boom turístico de la zona. Los cuatro fondos “se reunieron a instancias del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) “, explica María José González, ante la inexistencia de “un mecanismo financiero a largo plazo”, cuyo objetivo es realizar proyectos y actividades a nivel regional. Para el diseño y el desarrollo del Fondo SAM, la ayuda de The Nature Conservancy ha sido clave, además de WWF. En su creación fue determinante el aval de la Red de Fondos Ambientales de América Latina y el Caribe (RedLAC), organización con diez años de antigüedad, desde la cual “se pensó que sería interesante ver cómo operaban los fondos en sistemas transfronterizos”, expresó González. Así se definieron las prioridades en la región con el objetivo de brindar apoyo técnico y financiero en las actividades de manejo de los proyectos en cuanto a infraestructuras e investigaciones, por ejemplo.

Mil kilómetros de riqueza

Esta región abarca alrededor de 1.000 kilómetros, desde el extremo norte de la Península del Yucatán, en México, hasta el complejo Islas de la Bahía/Cayos Cochinos, en la costa norte de Honduras. El área marina costera varía entre los 40 kilómetros en la costa norte de Quintana Roo, en México, los 240 kilómetros en el Golfo de Honduras y los 50 kilómetros al norte de la costa hondureña, en las bocas del Río Aguán. También incluye las cuencas de los cuatro países que drenan al Mar Caribe. Gran cantidad de especies de peces, entre ellas el tiburón ballena, tortugas marinas y manatíes pueblan el área que se reparte entre Belice, Guatemala, Honduras y México. Además, la protección que proporcionan sus manglares, pastos marinos y lagunas costeras contra huracanes y tormentas es invaluable en estos tiempos de calentamiento global. "Hay concentraciones muy importantes de especies para pesquería y también gran diversidad cultural”, por las diferentes etnias que reúnen estos cuatro países. De hecho, “hasta dos millones de personas dependen del Arrecife”, subraya la directora del Fondo SAM.
Para que este Fondo pueda operar a una escala que permita un impacto regional significativo, debe desembolsar entre US$3 millones y US$5 millones anuales, por un período de 10 años, de acuerdo con cálculos de expertos y con los proyectos que se están llevando en la región del Sistema Arrecifal Mesoamericano.
Los fondos que constituyen el Fondo SAM operan a nivel nacional en sus respectivos países. En su primera convocatoria de proyectos, el pasado marzo del 2007, llegaron 33 propuestas de diversas organizaciones. Finalmente fueron aprobadas ocho propuestas que abarcan temas relacionados con la restauración de arrecifes, comunidades pesqueras, análisis de contaminación de aguas y diagnóstico de poblaciones de caracol gigante o el rosado.

Hasta 2 millones de personas dependen del Arrecife Mesoamericano y los grandes temas involucrados son: calidad de agua, turismo, pesca sostenible, entre otros.

 

UN MODELO A IMITAR

El Fondo para el Sistema Arrecifal Mesoamericano ha generado expectativa por su modelo de funcionamiento con una visión estratégica de conservación eco-regional.

Llama la atención por ser el único que funciona para toda una región en América Latina y, además en el sector del medio ambiente.

“En el sur de África se hizo algo similar pero no llegó a arrancar”, comenta María José González, directora del Fondo SAM.
Y en los países de Europa del Este funcionó un fondo también de corte regional, tras los conflictos bélicos de la zona.

Su singularidad y proyección de futuro han hecho que también desde Asia acapare atención. “Los países del llamado Triángulo del Coral, Indonesia, Filipinas y varias islas, lo consideran un modelo”, manifiesta González

Proyectos en México

El Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, organización que preside Lorenzo Rosenzweig, apoya un estudio sobre las amenazas en los mantos de rodolitos, organismos marinos conocidos como las algas rojas coralinas, que almacenan carbonato de calcio en sus paredes celulares, para formar estructuras sólidas que semejan arrecifes de coral. Esta evaluación la desarrollan la Universidad Autónoma de Baja California Sur, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Colegio de Frontera Sur. Otro de los proyectos que se desarrollan en México se centra en el estado de los peces de la costa sur de Quintana Roo, tras una década de cambios.


Los habitantes de este arrecife viven y enfrentan lo que desde afuera
les beneficia o amenza. Foto Pete Atkinson/Getty Images

Pesca artesanal en Honduras

La Fundación Biosfera avala un diagnóstico de la pesca artesanal del Refugio de Vida Silvestre Cuero y Salado. En su último informe, Carlos Vigil, presidente de la entidad, llama la atención de cómo mejoraría la calidad y el valor del pescado capturado, si su conservación en hielo comenzara desde el momento mismo de la pesca, lo que además ampliaría su área de distribución. Otro de los proyectos hondureños se centra en la restauración de jardines de coral. Para ello se programan reuniones y talleres con la propia industria de buceo, para mostrar cómo minimizar el impacto en el coral.

Caracol gigante en Belice

Por medio del Protected Areas Conservation Trust, de Belice, fondo presidido por Valdemar Andrade, se está realizando una evaluación del caracol gigante (Strombus gigas), un gran molusco marino, amenazado por la sobrepesca del mismo y la destrucción de su hábitat, lo cual ha provocado la disminución de su población. Esta especie se incluyó en 1992 en el Convenio sobre Comercio Internacional de Especies en Peligro de Extinción.


Agroindustria y minería en Guatemala

La Fundación para la Conservación de los Recursos Naturales y Ambiente, de Guatemala, liderada por Sofía Paredes, apoya también una evaluación de la sobreexplotación del caracol gigante en el Refugio de Vida Silvestre Punta de Manabique desarrollado por la Asociación Tercer Milenio y un estudio, implementado por la Fundación Defensores de la Naturaleza , para medir el impacto ambiental de las agroindustrias y minerías sobre los humedales de la cuenca del Polochic y el Caribe guatemalteco.

Pesquerías sostenibles

En la actualidad, el Fondo SAM está poniendo gran atención al proyecto de las pesquerías sostenibles. Las pesquerías más importantes de la región están en disminución por la conjunción de gran abundancia de barcos, la escasa regulación y la facilidad de acceso. mandíbulas, tiene su hábitat en las zonas rocosas de aguas templadas y tropicales.

ALERTA ANTE EL INCREMENTO DEL TURISMO

“El turismo se esta incrementando y hay que tener cuidado”. En este sentido, María José González llama la atención sobre el aumento del tránsito de cruceros por la zona. “Queremos trabajar en relación al incremento de los cruceros; en los últimos tres años ha sido tremendo y hay que ir con cuidado”, advierte la directora del Fondo.

“Nos gustaría establecer un mecanismo para que los pasajeros contribuyan voluntariamente” a la conservación del Sistema Arrecifal Mesoamericano. María José González se remite al ejemplo “exitoso” del Golfo de California, en México, donde opera la pequeña línea Lindblad Expeditions.

“Nosotros lo podemos replicar”, dice en referencia a Lindblad, empresa que incluso se ha asociado a National Geographic, de manera que sus expediciones se unen, además de sus principios de conservación y sostenibilidad, el hecho de tener contacto con investigadores y fotógrafos de esta organización científica y educativa, mientras los turistas hacen donaciones de forma voluntaria.

Además de la actividad de cruceros, el desarrollo de complejos hoteleros también provoca presión sobre el arrecife por el aumento de la práctica del buceo y otros deportes acuáticos de gran aceptación en la Península de Yucatán, Belice y el norte de Honduras.

Amenazas latentes

Las amenazas al Sistema Arrecifal Mesoamericano están ligadas a su gran riqueza en recursos naturales, lo que atrae tanto alturismo como a la industria y la agricultura. El elevado desarrollo costero afecta el funcionamiento de las infraestructuras locales, de manera que puede impactar, con el derrame de desechos municipales e industriales, las aguas costeras y el arrecife, como sucede en las costas del Atlántico guatemalteco y hondureño, por las plantas de manufactura y textiles. Otros peligros son el uso a gran escala de los pesticidas en el campo, que puede afectar la calidad de las aguas del Caribe, lo mismo que las prácticas de tala de árboles y la limpieza de áreas para la labranza. El incremento de la temperatura del agua del mar, debido al calentamiento global, “puede crear impactos tremendos”, advierte María José González, como el blanqueamiento del coral, en lo que también inciden los fenómenos meteorológicos extremos, como ocurrió con el huracán Mitch. “Ahora –reflexiona la directora del Fondohay más consenso y conciencia a nivel regional de que hay que trabajar en forma conjunta” por la biodiversidad del planeta.