
Sarah Wolfe
Los costos sociales, económicos y ambientales indican que las soluciones técnicas
convencionales no funcionan bien para los
complejos problemas vinculados a la gestión
de los recursos.
En el siglo 20, Estados Unidos gastó más
de US$400 mil millones en grandes proyectos de ingeniería hidráulica; a escala internacional, el gasto fue muy superior. Dicho
desarrollo resultó costoso desde muchos aspectos: implicó contaminación y destrucción
de ecosistemas; salinización de tierras cultivables; extinción de especies de fl ora y fauna;
desplazamiento de poblaciones humanas y
devastación de sitios culturales (Gleick 2000).
Las organizaciones que llevan a cabo estrategias técnicas para la gestión del agua,
por ejemplo, en irrigación convencional, estrategias de asignación y fi jación de precios,
se enfrentan cada vez con mayor frecuencia
a problemas más complejos, caracterizados
por una alta incertidumbre y por los inesperados resultados que siguen a la intervención
de las políticas (Cillier 1998).
Para encarar estos desafíos, los gerentes
de recursos deberán aplicar un proceso sistemático y flexible, que reconozca la incertidumbre y estimule el aprendizaje a partir
de los resultados. No obstante, tal respuesta
adaptativa podría ser incompatible con las
las políticas, programas y proyectos existentes en las organizaciones, que tienden a ser
rígidas. Una forma de remediar esto sería mediante la remoción o reducción de las barreras entre las organizaciones de las Naciones
Unidas (ONU).
“Quienes toman las
decisiones deben
encarar incertidumbres
ambientales
y una
información creciente y,
con frecuencia, conflictiva”.
La ONU opera en “ambientes crecientemente complejos, así como en condiciones
de cambios rápidos, con menos recursos y
mayor incertidumbre” (Mitchell 1997). Las
características de los sistemas complejos dificultan la toma de decisiones en la gestión del
agua, porque contienen un elevado número
de entidades en escala, son auto-organizadores, están en constante evolución y son
impredecibles.
Como parte de ese modelo, las crisis hidrológicas podrían presentar fenómenos
emergentes, donde el todo (resultado) es
mayor que la suma de sus partes (estrategias).
Un ejemplo: Asia Central, donde la extracción
de agua de río en la región del Mar Aral condujo a un sistema hidrológico inesperado y
radicalmente nuevo. Las retroalimentaciones positivas también tienen un papel en
los sistemas complejos: en la India, donde se
bombea agua freática con fi nes agrícolas y
la reducción de cuyo nivel lleva a un mayor
bombeo, el ciclo repetido intensifi ca la escasez existente (Burke and Moench 2000).
En los sistemas complejos, pequeñas variaciones pueden producir resultados sistémicos muy grandes en un periodo de tiempo
desconocido. Mientras que el sistema físico y
social se puede autoajustar o adaptar a un
nuevo equilibrio, en las condiciones ambientales existentes, el catalizador puede ser desconocido e inesperado.
Las características de sistema complejo de los problemas hídricos difi cultan en extremo las respuestas, políticas, programas y proyectos efi caces de parte de las organizaciones internacionales. Ello reta continuamente las estructuras existentes en las organizaciones y sus consiguientes estrategias, a fin de que respondan a los problemas de agua dulce del mundo.
Un enfoque frecuente en esta materia ha sido el de la “cooperación técnica” a escala regional y nacional. En 1999, las organizaciones internacionales gastaron US$14.200 millones en iniciativas de cooperación técnica, el doble de lo que se gastó en 1969. Diseñada para transferir conocimientos y destrezas administrativas o técnicas, la cooperación técnica puede ser independiente o estar asociada a un proyecto, tiene múltiples aspectos y puede variar de talleres y manuales de capacitación hasta estudios de campo o transferencia de datos.
Los talleres regionales de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sobre gestión de demanda de agua en 2000, y políticas de asignación del agua en 2001 en Asia Central y Occidental, son dos ejemplos diseñados para transferir conocimientos y facilitar cambios. Pero la habilidad de la cooperación técnica para resolver crisis de gestión práctica, fomentar transformaciones institucionales de largo plazo o desarrollar la capacidad individual o nacional no es clara todavía.
Retos de la ONU Inicialmente, será difícil la formación de organizaciones
Estos pasos complementan las cualidades únicas de las organizaciones de la ONU, y ayudarían a construir las respuestas adaptativas necesarias para la gestión de aguas y el alivio de la pobreza. |
Tomando en cuenta los niveles implicados de inversión humana y financiera, las críticas a la cooperación técnica no sorprenden. Las investigaciones indican que las actividades en esta área podrían socavar la capacidad local, tergiversar la gestión y prioridades, enfatizar las actividades de alto perfil, concentrarse en ciertos objetivos, utilizar métodos costosos e ignorar los deseos locales.
Además de estas críticas, la cooperación técnica también puede ser una respuesta rígida, no adaptativa. Esto puede deberse a sus características mecanicistas (romper el problema en sus partes y reparar componentes),
monistas (sólo hay una mejor manera de hacer las cosas) y objetivistas (separarnos nosotros del problema). Al hacer una extrapolación
desde estas características, los problemas
de cooperación técnica se niegan a desaparecer porque el modelo director de desarrollo se basa en dos presunciones equivocadas.
La primera, que “es posible ignorar las capacidades existentes en los países en desarrollo y reemplazarlas con los conocimientos
y sistemas producidos en otra parte”.
Por ejemplo, creer que el enfoque de la ingeniería y los fundamentos económicos utilizados para la agricultura de irrigación en el sudoeste de los Estados Unidos es el más aplicable en Asia Central. La segunda es que la existencia de una “relación asimétrica donador-receptor”, donde la dinámica del poder
define unos socios potenciales injustos, no influye en el proceso y resultados de la cooperación
técnica (Fukuda-Parr et al. 2002).
Estos supuestos influyen en los problemas
del agua dulce abordados exitosamente por la cooperación técnica. Pero podría haber
otro obstáculo, menos comprendido o reconocido: las barreras informales y formales
dentro de las organizaciones de desarrollo
que ejecutan la cooperación técnica. Para que las organizaciones resuelvan los problemas
de sistemas complejos, la cooperación técnica deberá adoptar estrategias adaptativas
de gestión donde la escala lo permita. Para ello, habrá que retirar o inutilizar cualquier
barrera existente en la organización.
Los obstáculos a la gestión sostenible del agua dulce han sido, tradicionalmente, problemas de ingeniería, como una tecnología de bombeo o una infraestructura de distribución inadecuada. Más recientemente, se ha dado reconocimiento a los niveles locales, regionales o nacionales de la capacidad e innovación individual o institucional. Pero, en el ámbito internacional, las organizaciones también contienen barreras potenciales a la flexibilidad y continuidad del aprendizaje necesario para la solución de problemas complejos.
Las barreras estructurales exógenas y endógenas influyen en las respuestas organizacionales. Las primeras incluyen factores institucionales como los sistemas internacionales legales o económicos. Enfocándose en las barreras internas, Gunderson et al. argumentan que las barreras endógenas estorban la innovación y la adaptación allí donde “los sistemas humanos poseen mayor poder tanto para la rigidez como para la novedad. La capacidad de la burocracia de una agencia gubernamental para controlar información y resistir el cambio muestra cierto nivel de ingeniosidad individual y de grupo, y una persistencia que refleja un control consciente de parte de individuos inteligentes y consagrados”.
Aunque sin duda fue escrita con cierta dosis de humor, la cita guarda un elemento de verdad. Las barreras endógenas formales constituyen una estructura organizacional que afecta la probabilidad de un cambio. Un ejemplo de ello podría ser el momentum de un proyecto de acueducto: con cuánta rapidez y por cuáles canales deberán pasar los programas para moverse a través de la estructura de la organización.
Otra barrera endógena formal sería una reestructuración para fomentar la investigación
sostenible o interdisciplinaria; sin una adecuada preparación gerencial, las nuevas responsabilidades se percibirían como una amenaza a la calidad del resultado o al status quo.
Referencias bibliográficas
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Una barrera más es la información disponible para los funcionarios de proyecto. Por ejemplo, en la gestión de agua dulce, abundan los datos geofísicos sobre problemas de recursos, “pero permanece rezagada la comprensión de las dimensiones social, económica, institucional y política, lo que es esencial para una gestión efectiva” (Burke y Moench 2000). La disponibilidad de la información y las barreras al proyecto de cueducto pueden dificultar la transición de las respuestas técnicas a las adaptativas.
Por ejemplo, los talleres sobre políticas de aguas podrían basarse en un patrón de prioridades económicas como la recuperación total de costos, eficiencia y decisiones de asignación rural-urbana no necesariamente apropiadas para determinado contexto local o regional. No obstante, debido a la información y las restricciones temporales dentro de la organización donante, así como a las barreras endógenas informales discutidas más adelante, el patrón de cooperación técnica no se adapta a las necesidades únicas de los países receptores. Dependiendo del contexto ambiental y social de éstos, las respuestas (directas cuando se entrena a los profesionales en la construcción, operación y mantenimiento de la infraestructura) son menos efectivas cuando se trata de transferir conceptos de participación, empoderamiento, sostenibilidad, valores y percepciones ambientales locales.
Las barreras endógenas informales también dan forma a las decisiones individuales y los resultados organizacionales. Es menos probable que pueda evaluarse la influencia de estas barreras implícitas en la cooperación técnica para la gestión de aguas.
Quienes toman las decisiones deben encarar incertidumbres ambientales y una información creciente y, con frecuencia, conflictiva. La respuesta humana a la incertidumbre ha sido establecer y conservar cierta regularidad —en el comportamiento, en los procedimientos operativos y en los sistemas más grandes—, buscando desarrollar una eficiencia sistémica. Pero la eficiencia organizacional depende de la flexibilidad individual y rápidamente se vuelve rígida, lo que se convierte en una barrera para los individuos que operan dentro de la organización: las señales implícitas de éxito (esto es, cuando los resultados exitosos de los proyectos conducen a un ascenso o a la renovación de un contrato) pasan a ser las que conservan la regularidad endógena. Retar las normas esta o barreras organizacionales establecidas significa riesgos y responsabilidades sustanciales para el funcionario o gerente del proyecto. Estos riesgos, generalmente implícitos, definen, a su vez, la cultura de la organización (Kaufman 1971).
La sutil falta de incentivos existente dentro de la cultura única de una organización puede constituir una poderosa barrera a las respuestas adaptativas de gestión. Por ejemplo, nuestras percepciones convencionales de conocimiento indican que a mayor suministro de información, aumentan las probabilidades de aprendizaje, decisiones y adaptación. Para apoyar el aprendizaje y la toma de decisiones individuales, las organizaciones dedican recursos significativos a la recopilación de datos para la gestión de aguas. Pero no se debe asumir que por ello la toma de decisiones mejorará obligatoriamente, puesto que el aprendizaje, que trastorna las creencias y costumbres de individuos y organizaciones, no es aceptado con entusiasmo o fácilmente, aunque se reconozca la necesidad de un cambio (Michael 1995).
Los desafíos para que las organizaciones internacionales implementen respuestas adaptativas de gestión continuarán, porque “las restricciones de la capacitación y la competencia profesional, los límites de la autoridad organizacional y la ignorancia de los resultados de muchas acciones, pasadas y futuras, impiden la formulación equilibrada de todas las soluciones y opciones potenciales”. Sin técnicas de mitigación que faciliten el aprendizaje individual y organizacional, las amenazas de la innovación impedirán la adopción de nueva información o de los beneficios de la adaptación (Michael 1995; Martin et al. 2001).
Por último, la literatura sobre gestión y desarrollo de recursos no ha explorado suficientemente
la influencia de la cultura de una organización dentro de las Naciones Unidas y sobre las respuestas de los recursos. Si quienes toman las decisiones se sienten predispuestos a operar de acuerdo con la regularidad de la estructura formal e informal,
la investigación deberá documentar las barreras para los tomadores de decisiones individuales, su gama de respuestas y los resultados
de dichas opciones a la gestión de aguas. Las organizaciones de la ONU, particularmente
aquellas que son directamente responsables
del la gestión integrada del agua, son cruciales para el manejo del agua dulce. Ellas pueden ser centros de colaboración, con la capacidad de transferir conocimientos relevantes y respaldar las reformas institucionales
necesarias.
Uno de sus objetivos será el de construir estructuras flexibles, innovadoras y resilientes,
que permitan estrategias adaptativas, diseñadas para permitir un aprendizaje continuo
desde la incertidumbre, los sucesos inesperados
y el fracaso, y que se aplicarán a las políticas, programas y proyectos.
COPYRIGHT 2003 United Nations Publications
COPYRIGHT 2003 Gale Group

América Latina , incluyendo el Caribe, cuenta con una población de 526,7 millones de personas (8,5% del total mundial) que convive com enormes desigualdades sociales y economicas. El producto interno bruto anual (PIB) de los paises de la región va desde los US$440 por habitante (Haiti) hasta US$5.910 por habitante (México). Como dato comparativo, la principal economía mundial y vecina del norte, los Estados Unidos, tiene um PIB de US$35.060 por habitante, 10 vezes mayor que el promedio de la región
Por Adalberto Noyola
Instituto de Ingeniería UNAM, México | Presidente electo de AIDIS
En este contexto de escasos recursos económicos, los países de la región enfrentan un rezago histórico en materia de servicios, en particular los relacionados con el saneamiento básico y la salud. Los habitantes de América Latina y el Caribe, según cifras del 2000 del Banco Mundial, tienen acceso al agua potable en un 84,9% y al saneamiento (sea red de drenaje o in situ) en un 77,7% (las cifras mundiales son 80,5% y 56,2%, respectivamente). En los últimos años, diversas metas para atender el rezago en agua y saneamiento básico han sido presentadas por organismos internacionales y por gobiernos nacionales.
Todas ellas han sido muy ambiciosas y no se han cumplido en un grado importante. En septiembre del 2000, la Asamblea de las Naciones Unidas presentó las Metas de Desarrollo del Milenio. La meta 7 pretende asegurar la sostenibilidad ambiental y tiene dos objetivos que se refieren al saneamiento:
- Objetivo 10: Reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso al agua potable en el 2015.
- Objetivo 11: Alcanzar en el 2020 un incremento significativo en la calidad de vida de al menos 100 millones de habitantes en áreas marginadas.
Frente al tamaño del reto es imperativo desarrollar e implantar nuevas soluciones al eterno déficit en infraestructura para el manejo del agua residual. Los nuevos sistemas administrativos y tecnológicos deberán considerar las limitaciones y posibilidades propias de la región, con una alta dosis de innovación y adaptación, deslindándose en muchos casos de las soluciones convencionales.

Situación del saneamiento
en América Latina
En materia de saneamiento, si bien
la cobertura de este servicio es relativamente
importante en la región (77,7%),
el alcantarillado solo sirve al 49%, ya
que el 31% dispone de letrinas o tanques
sépticos. De cualquier forma, el tratamiento
de las aguas residuales municipales
es aún limitado, puesto que en
América Latina y el Caribe, en promedio,
solo se trata el 15% del caudal captado
por los sistemas de alcantarillado.
Las tecnologías de tratamiento
que se aplican en América Latina y el
Caribe son en su mayoría lagunas de
estabilización, seguidas por el proceso
de lodos activados. Es de notar el
surgimiento, en los últimos años, del
tratamiento primario avanzado (primario
con adición de coagulantes) en
instalaciones de tamaño importante.
En Chile, la Superintendencia de Servicios
Sanitarios (SISS, 2003) contabilizó
en 1998 un total de 81 plantas de
tratamiento con una cobertura de 17%,
de las cuales 75% eran lagunas de estabilización.
En ese año, no se habían
instalado aún sistemas de lodos activados.
La evolución se ha dado en ese
país de tal forma que en la actualidad
existen 152 plantas de tratamiento, con
48% de cobertura, de las cuales 16% son
lagunas de estabilización y 40% plantas
de lodos activados. Más todavía, las
empresas sanitarias concesionarias del
servicio de abastecimiento, evacuación
y tratamiento en Chile han previsto
que el 77% de las nuevas plantas de tratamiento
serán de tipo lodos activados
y ninguna laguna de estabilización. El
plan de incremento en la cobertura de
tratamiento, considerado por las empresas
sanitarias chilenas con participación
privada mayoritaria, muestra
que la vía tecnológica es de corte convencional
y mecanizado, a pesar de los
costos de inversión y de operación importantes
que requieren los procesos
de lodos activados. Esta política debe
ser cuestionada en otros países de la
región.
El reto del saneamiento en la región
Las inversiones estimadas para
atender este rezago son cuantiosas y
fuera del alcance de las economías de
los países de la región. El Banco Mundial
estimó en 1995 que el sector agua
y saneamiento en América Latina y el
Caribe requería de US$12.000 millones
anuales durante 10 años para alcanzar
niveles de cobertura solo razonables.
Un elemento importante a considerar es que el 74% de la población en los países de la región vive en centros urbanos, lo que implica la centralización de los servicios, entre ellos la recolección del agua residual y su tratamiento. El aspecto positivo es que el factor de escala favorece los costos por habitante; el negativo es que conduce a la aplicación automática de los modelos tradicionales del saneamiento, los cuales, en varios casos, han mostrado su inaplicabilidad.
Ante el reto de llevar mejores condiciones de salud y vida a todos los habitantes de la región, las soluciones para el saneamiento deben ser en buena medida innovadoras y surgidas del conocimiento profundo de la problemática específica que presenta el área. El enfoque convencional importado de los países desarrollados ha mostrado sus limitaciones, fundamentalmente por requerir montos de inversión y operación muy elevados, además de incrementar la dependencia tecnológica. Es imperativo que se desarrollen e implanten sistemas administrativos, financieros y tecnológicos que realmente respondan a las necesidades y limitaciones de los usuarios latinoamericanos si se quiere cumplir con las metas del sector. Para ello, se deberá contar indispensablemente con el apoyo decidido de la sociedad y con la voluntad política de los gobernantes.
| Las soluciones para el saneamiento deben ser en buena medida innovadoras y surgidas del conocimiento profundo de la problemática específica que presenta la región. |

Procesos de tratamiento de aguas
residuales domésticas adaptados
a la región
Para el tratamiento de aguas residuales
o contaminadas, existen diversos
procesos y operaciones unitarios
que, con una adecuada selección y
combinación, pueden resolver la mayoría
de las necesidades de disposición final
o reaprovechamiento. En términos
muy generales, existen procesos fisicoquímicos
y procesos biológicos. Otra
clasificación que puede hacerse de los
procesos de tratamiento de aguas residuales
está basada en su grado de complejidad
o de mecanización. Existen los
procesos intensivos y compactos, con
tecnología más desarrollada (procesos
tecnificados) y los llamados naturales,
con mayor requerimiento de área y que
recurren a la acción de la naturaleza
con intervención humana reducida. Los
sistemas lagunares, los lechos de raíces
y los humedales o wetlands constituyen
los procesos naturales más conocidos.
Entre los procesos compactos, existen aquellos altamente mecanizados, como los lodos activados en sus diversas variantes, los reactores secuenciales alimentados por lotes, los filtros biológicos convencionales (percoladores), los filtros biológicos sumergidos y los discos biológicos rotatorios, todos ellos de tipo aerobio. Los procesos anaerobios compactos tienen menores requerimientos de energía y, por lo tanto, de motores y piezas mecánicas; los más representativos son el reactor anaerobio de lecho de lodos de flujo ascendente (UASB, por sus siglas en inglés) y el filtro anaerobio, ya sea horizontal o vertical.

| Para todo proyecto de saneamiento debe seleccionarse la mejor opción, la más sostenible. |
La diversidad de opciones tecnológicas disponibles hace complicada la tarea de evaluar y seleccionar el sistema y la tecnología más adecuada para cada aplicación. Se puede considerar que el mejor tren de tratamiento será aquel que, con el máximo de economía y el mínimo de complejidad, alcance la calidad de agua requerida, ya sea para su descarga al medio natural o para su reuso. Este concepto, aparentemente obvio, no se ha aplicado en un buen número de ocasiones, lo que ha llevado al abandono de muchas instalaciones de tratamiento en la región. Las principales causas de la ineficiencia o el abandono de las plantas son los altos costos de operación y que el sistema fue impuesto al organismo responsable del manejo, con base en decisiones de corto plazo y sin considerar al operador ni a los usuarios del servicio.
Con base en las grandes necesidades de infraestructura de saneamiento que enfrenta la región y con la evidente escasez de recursos financieros para atenderlas, las opciones tecnológicas por considerar deberán cumplir con ciertos criterios:
La materia no se destruye, solo se transforma. Esto lleva a los inevitables subproductos y residuos y, por lo tanto, a integrar un sistema completo, que contemple el manejo de los lodos y otros subproductos.
- Minimizar los residuos y aprovechar los subproductos (reciclar).
- Cumplir con la calidad especificada de descarga.
- Incorporar a la población (usuarios) en la toma de decisiones, con el objeto de que adopte como propia la opción seleccionada.
Con los argumentos expuestos, se puede concluir que la vía biológica, al ser una herramienta de la naturaleza, está mucho mejor ubicada para resolver los problemas del tratamiento de aguas residuales biodegradables, como lo son las de origen municipal (Noyola, 1996).
Para la selección de tecnologías de tratamiento en América Latina y el Caribe, se pueden identificar dos grandes subconjuntos, los cuales a su vez se combinan entre sí:
- En función de la densidad de población: área urbana y área rural.
- En función de la densidad de población: área urbana y área rural.
- En función del clima: zonas cálidas y zonas frías o templadas.
En el medio urbano, donde el terreno es escaso y caro, los procesos compactos tendrán mayor aceptación, mientras que en el medio rural, la ventaja la tendrán los sistemas naturales. Una combinación entre ciertos procesos compactos, con menor grado de mecanización y procesos naturales podrá en ocasiones ser una ventajosa opción, en particular cuando los costos de operación deban ser reducidos y se tengan ciertas limitaciones de terreno. Por otro lado, la infl uencia del clima y de la temperatura del agua es particularmente importante para los sistemas naturales, así como para los sistemas compactos anaerobios. De esta forma, temperaturas del agua inferiores a 20ºC o de ambiente mínimas, cercanas a 0ºC, pueden limitar la aplicación de estos procesos, lo que resulta menos problemático para los procesos compactos aerobios o fi sicoquímicos.
En aguas de tipo municipal, la tecnología anaerobia se ha instalado a escala mayor, particularmente en Brasil, Colombia y México. En la mayoría de los casos en los que se han empleado reactores anaerobios (en especial tipo UASB) para aguas residuales municipales, se ha incluido en el proceso global, un postratamiento. Otro requerimiento importante, común a todo proceso anaerobio y en ciertos casos, en la fase de pretratamiento de cualquier sistema, es prever un sistema de control de olores, sobre todo si la planta de tratamiento se ubica cerca de zonas habitadas. Estos sistemas pueden ser relativamente sencillos, como los biofi ltros de composta (Morgan-Sagastume et al., 1999).
Por su parte, en algunos países (México, Colombia y Brasil) el nuevo debate entre los procesos biológicos y el tratamiento primario avanzado seguramente terminará como el debate previo entre lo aerobio y lo anaerobio; se reconocerá que toda tecnología es buena, siempre y cuando se seleccione en forma cuidadosa y rigurosa, considerando todos los factores involucrados. Dentro de este proceso de selección, se deberá abordar el problema con un enfoque integral, sin discriminar otras corrientes del proceso y reconocer que la materia solo se transforma. En este caso, las implicaciones de la inevitable transferencia de contaminantes de un medio receptor a otro tomarán un peso fundamental en la decisión fi nal.
Conclusiones
Los retos para recuperar el rezago
en infraestructura de saneamiento y el
adecuado manejo del agua en América
Latina y el Caribe obligan a utilizar
los escasos recursos en forma óptima,
a lograr más con menos y a ser innovadores
en las soluciones.
Para todo proyecto de saneamiento,
debe seleccionarse la mejor opción,la más sustentable (perdurable), lo que
implica situarse en el largo plazo y asociar
a la comunidad servida en todo el
proceso de selección, construcción y
operación.
Existen las opciones tecnológicas, tanto convencionales como adecuadas a la región, estas últimas en diverso grado de desarrollo. El reto es alcanzar mayor experiencia, diseminar las tecnologías propias y utilizarlas óptimamente, todo en un tiempo corto ya que la demanda está presente mente, todo en un tiempo
| Referencias Morgan-Sagastume J.M., Revah S. y Noyola A. (1999) “Malos olores en plantas de tratamiento de aguas residuales. Su control a través de procesos biotecnológicos”, Ingeniería y Ciencias Ambientales, Año 10, No. 41, 22-29. Noyola A. (1996) “Anaerobic technology as a tool for the sustainable environment: the context of Mexico”, en Biodegradación de Compuestos Orgánicos Industriales, Ilangovan K. y Briones R. editores, Instituto de Ingeniería UNAM, México, 169-172. SISS (2003) Bases Técnicas del Estudio Alternativas Tecnológicas para el Tratamiento de Aguas Servidas en Chile, Superintendencia de Servicios Sanitarios, Santiago, Chile |
| GOTAS | | 22 de marzo | Día Mundial del Agua 2006: Agua y Cultura | ||||||
![]() |
En 1992, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), declaró el 22 de marzo el Día Mundial del Agua. Todo el mundo está invitado a dedicar ese día a realizar actividades como la promoción del conocimiento público a través de la publicación y difusión de documentales y la organización de conferencias, mesas redondas, seminarios y exposiciones relacionadas a la conservación y desarrollo de recursos de agua y la implementación de las recomendaciones de la Agenda 21. El Día Mundial del Agua 2006 será guiado por el tema “Agua y Cultura” bajo el liderazgo de la UNESCO.
|

Para nadie es un secreto que
la especie más evolucionada del planeta,
el ser humano, es quien paradójicamente
lo encamina hacia su destrucción: cuatro
billones de árboles desaparecen por día
en el planeta y 60 hectáreas de selva
tropical se deforestan por minuto.
Esta pérdida diezma la existencia
de miles de especies de animales, árboles
y plantas, favorece la erosión, daña
las cuencas hidrográficas, provoca un
daño a largo plazo en los ecosistemas y
en los mantos acuíferos.
Paralelo a este desabastecimiento
global de los recursos forestales
e hídricos, se suma el uso irracional del
recurso disponible. Así por ejemplo, en el
caso del agua, mientras que para mantener
un nivel de vida aceptable se requieren
de 20 a 50 litros por día por
persona (para bebida, comida e higiene),
en las grandes ciudades se consumen
aproximadamente 250 litros de agua por
día/persona, según datos extraídos de un
informe de la Fundación Ciudad, de Argentina,
publicados en su sitio web.
Dada la persistencia de estas
prácticas y bajo el principio de “quien
contamina, paga” (en particular sobre el
tema del canon por vertidos agroquímicos
y desechos sobre mantos acuíferos y
sistemas pluviales), en el pasado, los gobiernos
optaron por hacer uso de instrumentos
económicos, bajo la modalidad
de impuestos, para destinarlos a la prevención
de la contaminación y la recuperación
de los ecosistemas.
Sin embargo, desde la década
anterior, ha surgido un nuevo enfoque de
atención al problema, quizá como parte
del salto cualitativo en la comprensión
sobre la urgencia de revertir los errores
del pasado lo antes posible.

Alrededores de la Catarata del Ángel, camino a Vara Blanca, Heredia, Costa Rica, área protegida.
Cortesía de Gilmar Navarrete Ch., FONAFIFO
Premio a la protección
El nuevo enfoque trata de fijar la atención
y las acciones hacia la generación de
“externalidades ambientales positivas” es
decir, de una serie de beneficios indirectos
para aquellos que opten por cuidar
los recursos naturales. El pago por servicios
ambientales (PSA) es un mecanismo
que se enmarca dentro de esta nueva
filosofía. Consiste en la transferencia de
recursos financieros de los beneficiarios
de ciertos servicios ambientales, hacia
quienes proporcionan dichos servicios o
son fiduciarios de los recursos ambientales.
Los PSA son incentivos económicos
que toman varias formas ya sea como
subsidios, programas agroambientales o
beneficios en especie, y están sustentados
en la idea de que “quien protege el ambiente,
gana”. Los afortunados son los
actores que se benefician por los servicios
ambientales generados y también los
usuarios y comunidades que ofertan un
servicio que incide directamente en el
mejoramiento del ambiente. Estos últimos
reciben la compensación económica por el esfuerzo y costo de mantener y proteger
los recursos forestales e hídricos.
Uno de los principales efectos de esta sinergia
es que ambas partes interiorizan
los beneficios: son conscientes de su
aporte al proceso de recuperación ambiental,
se sostienen y forman parte de la
razón de ser de la otra.
El concepto de pago por servicios
ambientales (PSA) ha recibido mucha
atención como herramienta novedosa
para financiar inversiones en manejo
sostenible de tierras. Casi todos los esquemas
de PSA que se ejecutan en
América Latina son relativamente nuevos,
pues la mayoría no tienen más de cinco
años de existencia, mientras que otros
figuran solo como proyectos pilotos.
No obstante, según Stefano Pagliola, del
Departamento Ambiental del Banco
Mundial, esta entidad ya había logrado
inventariar hasta el 2002, más de 300 iniciativas
en la región.
Como se expuso durante el IV
Foro Mundial del Agua, Latinoamérica
tiene más programas de este tipo que
cualquier otra región, como el caso de
México con la iniciativa más extensa de
PSA; Costa Rica y su programa más antiguo
y proveedor de experiencias y modelos
para otros países, y El Salvador, con
la primera propuesta diseñada y enfocada
a los mercados locales.
Sin embargo, como lo indicó
Carlos Manuel Rodríguez, ex ministro de
Ambiente y Energía de Costa Rica y actual
vicepresidente regional y director regional
de Conservación Internacional para México
y Centroamérica, “es muy difícil establecer
una comparación de la gestión
de los países sobre el tema del PSA, por
cuanto sus particularidades tienen estricta
relación con el avance de cada caso respecto
a la institucionalidad en materia
ambiental. Lo que sí puede asegurarse es
que ya se aprecia un mayor nivel de conciencia
política y de acciones concretas en
favor del diseño e implementación de
soluciones, especialmente respecto a programas
para la protección del recurso hídrico,
sin duda una de las necesidades
más apremiantes a escala regional”.
A nivel de América Latina, los 10
años de experiencia de Costa Rica en esquemas
de PSA por biodiversidad y captura
de carbono, le han merecido a esta
nación el título de pionera en el tema.
“Desde décadas atrás, Costa Rica invirtió
en la construcción de la institucionalidad
requerida en materia ambiental, lo que lepermite hoy desarrollar múltiples proyectos.
Igualmente, actuó con celeridad ante
la urgencia de invertir en el manejo de
cuencas, dados los problemas detectados
en la disponibilidad y contaminación del
agua. Ese conocimiento le ha permitido
hoy capitalizar su experiencia”, destacó
Rodríguez.
Los PSA cuentan con diversos esquemas
que ofrecen un aporte
económico distinto, de acuerdo con la actividad
de protección que se lleve a cabo.
(Ver cuadro: Todos Ganan)
“...en la realidad no existe un tipo de esquema de PSA que deba ser impulsado con mayor ímpetu que otro, o bien que tenga más oportunidades de ser desarrollado en la región. Siendo todos ellos vitales, el criterio fundamental para desarrollar los esquemas en América Latina es la preocupación y el compromiso por alcanzar las condiciones políticas que permitan la construcción de capacidades en las instancias institucionales para convertirlos en realidad”. |
Amplio mercado
Así, se abre a los ojos de muchos
una oferta de mercados ambientales todavía
inexplorada. Por el momento, quizá
los mercados más dinámicos en el tema de
PSA sean los relacionados con la protección
de cuencas hidrográficas y la captura
de carbono. Por ejemplo, Jaime Quispe
Poma, coordinador del Programa de Monitoreo
de Carbono de la Fundación Amigos
de la Naturaleza (FAN) de Bolivia,
resaltó que su país “tiene un gran potencial
para desarrollar estas iniciativas sobre
cuencas hidrográficas, principalmente por
los beneficios en el tema del agua y laerosión de los suelos; actualmente se propone
formular un PSA en la cuenca del río
Piraí, una de las fuentes de agua más importantes
que riega al departamento de
Santa Cruz de la Sierra”.
Por su parte, Carlos Manuel Rodríguez,
opina que “en la realidad no
existe un tipo de esquema de PSA que
deba ser impulsado con mayor ímpetu
que otro, o bien que tenga más oportunidades
de ser desarrollado en la región.
Siendo todos ellos vitales, el criterio fundamental
para desarrollar los esquemas
en América Latina es la preocupación y el
compromiso por alcanzar las condiciones
políticas que permitan la construcción de
capacidades en las instancias institucionales
para convertirlos en realidad”.
Paralelo a ello, Juan de Dios Benavides
Solorio, del Programa de Servicios
Ambientales del Instituto Nacional de Investigaciones
Forestales, Agrícolas y
Pecuarias (INIFAP) de México, recalcó que
es necesario “dar certidumbre de que los
servicios ambientales no son un proyecto
pasajero, a corto plazo. Para ello, los organismos
internacionales
deben tener
representaciones más
amplias en los países
latinoamericanos y
ayudar a la búsqueda
de alianzas no solo
con los gobiernos
sino con la empresa
privada, involucrando
a esta última de una
manera activa, incluso
desde el punto de vista mercadológico,
mediante la exposición
publicitaria sobre su participación en los
proyectos municipales o nacionales de
servicios ambientales”.
Comercio verde
La protección a la biodiversidad
también es una fuente para los esquemas
de PSA, con el objetivo de proteger la
vida de ciertas especies y ecosistemas con
un valor particular, así como de ciertos
hábitat y recursos genéticos, entre otros.
Se entiende por biodiversidad “la variabilidad
de organismos vivos de cualquier
fuente, incluidos los ecosistemas terrestres,
marinos y acuáticos, y los complejos
ecológicos de los que forman parte; comprende
la diversidad dentro de cada especie,
entre las especies y de los
ecosistemas” (Art.2, Convenio sobre la
Diversidad Biológica).
Un caso es el proyecto de Conservación
de la Biodiversidad en la Reserva
de La Biosfera Sierra Gorda en
Querétaro-México donde, entre otros servicios,
se realizan estrategias locales para
la protección de especies amenazadas
como el jaguar, venado cola blanca, tucán
esmeralda, el oso negro y el hocofaisán.
Esta iniciativa busca preservar además la
vida de 131 especies de mamíferos, 363
de aves, 72 de reptiles, 23 de anfibios,
700 de mariposas y 2.308 de plantas.
Apoyados por la Comisión Nacional Forestal
de México (Conafor), el proyecto tendrá
un seguimiento por los próximos
cinco años, según se explicó en una de las
sesiones de trabajo durante el IV Foro
Mundial del Agua, en el 2006.
Por otra parte, el PSA por preservación
de la belleza escénica está asociado
al valor estético o cultural de sitios
específicos que reúnen ambos componentes:
preservación del medio ambiente
y del patrimonio cultural, como por
ejemplo, lugares de patrimonio natural,
arrecifes de coral, santuarios culturales o
formas de vida tradicional. Pese a la dificultad
de seleccionarlos y evaluarlos por
su componente cultural, con el avance
en la conciencia sobre el patrimonio cultural
y el auge de la industria turística,
actualmente están surgiendo nuevas iniciativas
que auguran un atractivo mercado.
En las zonas de Mazunte y Ventanilla
en la costa de Oaxaca y Selva del
Marinero en la Reserva de la Biosfera de
Los Tuxtlas en Veracruz, México, se han
levantado modelos hoteleros alternativos,
una empresa productora de cosméticos
naturales, dos empresas de
procesamiento (chocolate orgánico y
crema de cacao) y sobre todo una Red de
Cooperativas para el Desarrollo Sustentable
de la Costa de Oaxaca, la cual
reúne a 10 cooperativas con el fin de
hacer un frente común por la conservación
ambiental de la región, según un
informe de la organización ambientalista
PRISMA (www.prisma.org.sv), en el marco
del Proyecto “PSA en las Américas”.
A la caza de dióxido de carbono
Uno de los mercados más
dinámicos dentro del esquema de PSA, a
nivel latinoamericano, es el pago por servicios
por el secuestro o captura de carbono
(CO2) en las áreas forestales, dentro
de la lógica de depuración del ambiente,
producto del efecto invernadero y el calentamiento
global que afecta al planeta.
Gracias a la fotosíntesis, las áreas forestales
captan una importante cantidad del
carbono, disuelto en el aire en forma de
dióxido de carbono, y lo depositan en sus
tejidos; como un producto adicional liberan
oxígeno a la atmósfera. Al llevar a
cabo este proceso, los bosques se convierten
en reguladores de la calidad del
aire, limpiando el CO2 acumulado en la
atmósfera, producto de los agentes contaminantes
industriales y la quema de
bosques.
El PSA por captura de carbono
tiene dos modalidades: la absorción activa
mediante reforestación o el reemplazo de
emisiones por medio de la conservación
de la cubierta forestal. Jaime Quispe
Poma, de la FAN en Bolivia, informó que
su país “ejecuta el
proyecto de carbono
llamado Proyecto de
Acción Climática Noel
Kempff Mercado, iniciado
en 1997, el cual
ha logrado buena
acogida y ya consiguió
la certificación de
créditos en el 2006,
con un porcentaje de
éxito del 90%”.
Por su parte, Costa Rica también
lidera este esquema de PSA. En el año
2000, gracias a un convenio de cooperación
financiera entre el gobierno costarricense
y el alemán, con el apoyo del
banco KfW Bankengruppe, se inició el
Programa Forestal Huetar Norte, cuyo objetivo
fue contribuir a mejorar el balance
neto de las emisiones de gases de efecto
invernadero, mediante la fijación de CO2.
Para el 2004 el Fonafifo, ente gubernamental
encargado de la gestión del
proyecto, logró formalizar 702 contratos
de PSA con un área de cobertura de
75.604 hectáreas (el 102% de la meta) en
la zona de influencia del programa.
Actualmente, Costa Rica tiene
en la mira siete proyectos de absorción
de CO2 a través de actividades de
forestación/reforestación relacionados
con las principales áreas de conservación
del país. Algunos ya se encuentran en
etapa de negociación y otros, en calidad
de pre-proyectos, sin embargo, todo
ellos fueron planificados para períodosrenovables de 20 años, lo cual revela la intención
de perdurabilidad de estas acciones.
Según el Fonafifo los PSA, en combinación
con otras acciones del gobierno costarricense,
han favorecido la reducción de la tasa
de deforestación, la recuperación de la
cobertura forestal y tierras degradadas, la
promoción de exportaciones no tradicionales
y la contribución al cumplimiento
de las metas ambientales globales.

Costa Rica tiene el programa más antiguo de pagos ambientales, como el
de esta finca en Talamanca.
Cortesía de Gilmar Navarrete Ch., FONAFIFO
El futuro de los PSA
Al revisar la literatura técnica y gubernamental
puede concluirse que muchos
son los autores que insisten en que el pago
por servicios ambientales (PSA) es un tema
que permanecerá en la mesa de discusión
internacional.
Desde el punto de vista del componente
de apoyo internacional, Jaime
Quispe de la FAN de Bolivia explicó que,
para que una mayor cantidad de estados y
organizaciones privadas se sumen al pago
de servicios ambientales, “los organismos
internacionales deben fortalecer su coordinación
con las instituciones que trabajan los
PSA, por ejemplo, formando en conjunto
redes institucionales que favorezcan el conocimiento y difusión entre sí de los diferentes
proyectos y, además, ayudando en la difusión de
esas iniciativas ambientales a través de los
medios de comunicación colectiva, para compartir
con la población no solo los proyectos exitosos,
sino aquellos que necesitan más apoyo de
todos”.
Asimismo, “urge que los organismos
internacionales se den a la tarea de realizar estudios
de base respecto a las valoraciones
económicas de los bienes y servicios ambientales,
de manera que ello traiga luz a los procesos
políticos necesarios para la toma de decisiones
que favorezcan las capacidades técnicas e institucionales
para operar correctamente los programas”,
opinó Carlos Manuel Rodríguez, ex
ministro del Ambiente de Costa Rica.
En relación con ese componente de las
capacidades institucionales necesarias en los
países latinoamericanos, Juan de Dios Benavides
Solorio, del Programa de Servicios Ambientales
del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales,
Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) de México,
enfatizó que “aunque los servicios ambientales
tengan éxito como programas a nivel nacional o
federal (como en el caso mexicano), estos deben
trascender a otros niveles: los gobiernos estatales
y/o municipales, a través de una labor de
difusión mediante la cual ellos también comprendan
los beneficios que supone la protección
y sustentabilidad de los recursos naturales a
través de los PSA.
TODOS GANAN
MONTO A PAGAR
Fuente: Sitio web del Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo). |

“Nosotros no ejecutamos los proyectos”, advierte González, “nada más queremos ser el canal para recaudar” fondos económicos que se inviertan en la protección del Sistema Arrecifal Mesoamericano, un área que gracias a su gran diversidad ambiental, funciona como un manto protector contra las adversidades meteorológicas. Para asegurar su sostenibilidad es necesario también controlar el boom turístico de la zona. Los cuatro fondos “se reunieron a instancias del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) “, explica María José González, ante la inexistencia de “un mecanismo financiero a largo plazo”, cuyo objetivo es realizar proyectos y actividades a nivel regional. Para el diseño y el desarrollo del Fondo SAM, la ayuda de The Nature Conservancy ha sido clave, además de WWF. En su creación fue determinante el aval de la Red de Fondos Ambientales de América Latina y el Caribe (RedLAC), organización con diez años de antigüedad, desde la cual “se pensó que sería interesante ver cómo operaban los fondos en sistemas transfronterizos”, expresó González. Así se definieron las prioridades en la región con el objetivo de brindar apoyo técnico y financiero en las actividades de manejo de los proyectos en cuanto a infraestructuras e investigaciones, por ejemplo.
Mil kilómetros de riqueza
Esta región abarca alrededor de 1.000
kilómetros, desde el extremo norte de la
Península del Yucatán, en México, hasta el
complejo Islas de la Bahía/Cayos Cochinos,
en la costa norte de Honduras. El área
marina costera varía entre los 40 kilómetros
en la costa norte de Quintana Roo, en
México, los 240 kilómetros en el Golfo de
Honduras y los 50 kilómetros al norte de la
costa hondureña, en las bocas del Río
Aguán. También incluye las cuencas de los
cuatro países que drenan al Mar Caribe.
Gran cantidad de especies de peces, entre
ellas el tiburón ballena, tortugas marinas y
manatíes pueblan el área que se reparte
entre Belice, Guatemala, Honduras y
México. Además, la protección que proporcionan
sus manglares, pastos marinos y
lagunas costeras contra huracanes y tormentas
es invaluable en estos tiempos de
calentamiento global. "Hay concentraciones muy importantes de especies para pesquería
y también gran diversidad cultural”, por las
diferentes etnias que reúnen estos cuatro
países. De hecho, “hasta dos millones de
personas dependen del Arrecife”, subraya la
directora del Fondo SAM.
Para que este Fondo pueda operar a una
escala que permita un impacto regional
significativo, debe desembolsar entre US$3
millones y US$5 millones anuales, por un
período de 10 años, de acuerdo con cálculos
de expertos y con los proyectos que se están
llevando en la región del Sistema Arrecifal
Mesoamericano.
Los fondos que constituyen el Fondo SAM
operan a nivel nacional en sus respectivos
países. En su primera convocatoria de
proyectos, el pasado marzo del 2007,
llegaron 33 propuestas de diversas
organizaciones. Finalmente fueron aprobadas
ocho propuestas que abarcan temas
relacionados con la restauración de
arrecifes, comunidades pesqueras, análisis
de contaminación de aguas y diagnóstico de
poblaciones de caracol gigante o el rosado.
Hasta 2 millones de personas dependen del Arrecife Mesoamericano y los grandes temas involucrados son: calidad de agua, turismo, pesca sostenible, entre otros.
UN MODELO A IMITAR El Fondo para el Sistema Arrecifal Mesoamericano ha generado expectativa por su modelo de funcionamiento con una visión estratégica de conservación eco-regional. Llama la atención por ser el único que funciona para toda una región en América Latina y, además en el sector del medio ambiente. “En el sur de África se hizo algo similar pero no llegó a arrancar”, comenta María José González, directora del Fondo SAM. Su singularidad y proyección de futuro han hecho que también desde Asia acapare atención. “Los países del llamado Triángulo del Coral, Indonesia, Filipinas y varias islas, lo consideran un modelo”, manifiesta González |
Proyectos en México
El Fondo Mexicano para la Conservación de
la Naturaleza, organización que preside
Lorenzo Rosenzweig, apoya un estudio
sobre las amenazas en los mantos de
rodolitos, organismos marinos conocidos
como las algas rojas coralinas, que
almacenan carbonato de calcio en sus
paredes celulares, para formar estructuras
sólidas que semejan arrecifes de coral. Esta
evaluación la desarrollan la Universidad
Autónoma de Baja California Sur, la
Universidad Nacional Autónoma de México
y el Colegio de Frontera Sur.
Otro de los proyectos que se desarrollan en
México se centra en el estado de los peces
de la costa sur de Quintana Roo, tras una
década de cambios.

Los habitantes de este arrecife viven y enfrentan lo que desde afuera
les beneficia o amenza. Foto Pete Atkinson/Getty Images
Pesca artesanal en Honduras
La Fundación Biosfera avala un diagnóstico de la pesca artesanal del Refugio de Vida Silvestre Cuero y Salado. En su último informe, Carlos Vigil, presidente de la entidad, llama la atención de cómo mejoraría la calidad y el valor del pescado capturado, si su conservación en hielo comenzara desde el momento mismo de la pesca, lo que además ampliaría su área de distribución. Otro de los proyectos hondureños se centra en la restauración de jardines de coral. Para ello se programan reuniones y talleres con la propia industria de buceo, para mostrar cómo minimizar el impacto en el coral.
Caracol gigante en Belice
Por medio del Protected Areas Conservation Trust, de Belice, fondo presidido por Valdemar Andrade, se está realizando una evaluación del caracol gigante (Strombus gigas), un gran molusco marino, amenazado por la sobrepesca del mismo y la destrucción de su hábitat, lo cual ha provocado la disminución de su población. Esta especie se incluyó en 1992 en el Convenio sobre Comercio Internacional de Especies en Peligro de Extinción.

Agroindustria y minería en Guatemala
La Fundación para la Conservación de los Recursos Naturales y Ambiente, de Guatemala, liderada por Sofía Paredes, apoya también una evaluación de la sobreexplotación del caracol gigante en el Refugio de Vida Silvestre Punta de Manabique desarrollado por la Asociación Tercer Milenio y un estudio, implementado por la Fundación Defensores de la Naturaleza , para medir el impacto ambiental de las agroindustrias y minerías sobre los humedales de la cuenca del Polochic y el Caribe guatemalteco.
Pesquerías sostenibles
En la actualidad, el Fondo SAM está poniendo gran atención al proyecto de las pesquerías sostenibles. Las pesquerías más importantes de la región están en disminución por la conjunción de gran abundancia de barcos, la escasa regulación y la facilidad de acceso. mandíbulas, tiene su hábitat en las zonas rocosas de aguas templadas y tropicales.
ALERTA ANTE EL INCREMENTO DEL TURISMO “El turismo se esta incrementando y hay que tener cuidado”. En este sentido, María José González llama la atención sobre el aumento del tránsito de cruceros por la zona. “Queremos trabajar en relación al incremento de los cruceros; en los últimos tres años ha sido tremendo y hay que ir con cuidado”, advierte la directora del Fondo. “Nos gustaría establecer un mecanismo para que los pasajeros contribuyan voluntariamente” a la conservación del Sistema Arrecifal Mesoamericano. María José González se remite al ejemplo “exitoso” del Golfo de California, en México, donde opera la pequeña línea Lindblad Expeditions. “Nosotros lo podemos replicar”, dice en referencia a Lindblad, empresa que incluso se ha asociado a National Geographic, de manera que sus expediciones se unen, además de sus principios de conservación y sostenibilidad, el hecho de tener contacto con investigadores y fotógrafos de esta organización científica y educativa, mientras los turistas hacen donaciones de forma voluntaria. Además de la actividad de cruceros, el desarrollo de complejos hoteleros también provoca presión sobre el arrecife por el aumento de la práctica del buceo y otros deportes acuáticos de gran aceptación en la Península de Yucatán, Belice y el norte de Honduras. |
Amenazas latentes
Las amenazas al Sistema Arrecifal Mesoamericano están ligadas a su gran riqueza en recursos naturales, lo que atrae tanto alturismo como a la industria y la agricultura. El elevado desarrollo costero afecta el funcionamiento de las infraestructuras locales, de manera que puede impactar, con el derrame de desechos municipales e industriales, las aguas costeras y el arrecife, como sucede en las costas del Atlántico guatemalteco y hondureño, por las plantas de manufactura y textiles. Otros peligros son el uso a gran escala de los pesticidas en el campo, que puede afectar la calidad de las aguas del Caribe, lo mismo que las prácticas de tala de árboles y la limpieza de áreas para la labranza. El incremento de la temperatura del agua del mar, debido al calentamiento global, “puede crear impactos tremendos”, advierte María José González, como el blanqueamiento del coral, en lo que también inciden los fenómenos meteorológicos extremos, como ocurrió con el huracán Mitch. “Ahora –reflexiona la directora del Fondohay más consenso y conciencia a nivel regional de que hay que trabajar en forma conjunta” por la biodiversidad del planeta.
